En los fondos oceánicos las placas se alejan y
queda entre ellas un hueco que se llena con material proveniente del manto,
roca fundida (magma) de la astenósfera, que puede fluir por encontrarse muy
caliente. En cuanto llega a la superficie sufre cambios físicos y químicos al
perder gases y entrar en contacto con el agua del fondo del mar. Al descender
su temperatura se convierte en nueva corteza oceánica.
Al continuar separándose las placas, esta nueva
corteza oceánica es arrastrada hacia los lados de la cresta y deja lugar para
que ascienda más material del manto. El material que asciende está muy
caliente, y transmite parte de este calor al material que tiene cerca, el cual
empuja el material que tiene encima, dando lugar a las grandes elevaciones
sobre el nivel medio del fondo marino que presentan las cordilleras oceánicas.

Las placas siguen separándose y el nuevo fondo,
cada vez más frío, pasa el punto más alto y comienza un descenso muy rápido, se
rompe y se crean nuevas fallas normales, pero ahora el movimiento relativo de
las paredes es en sentido contrario al que ocurre del mismo lado dentro del
valle.
Conforme se aleja del centro de expansión, la nueva
corteza oceánica se va enfriando, lo cual la vuelve más densa y, por tanto, más
pesada. Al pesar más, hace más presión sobre el material de la astenósfera y lo
hace descender. El resultado de esto es que el fondo oceánico se encuentra
apoyado sobre una superficie inclinada, y la fuerza de gravedad hace que
resbale sobre esta superficie alejándose del centro de expansión y por tanto de
la placa que se encuentra del otro lado.

Zonas de subducción
Si se está creando continuamente nuevo fondo
oceánico y la Tierra no está creciendo, la creación de nueva superficie debe
ser compensada mediante la destrucción de superficie antigua. Por otro lado, si
dos placas se alejan una de otra, esto significa que se acercan a otras placas
que se encuentren en su camino, y si éstas no se alejan lo suficientemente rápido
tienen que competir por la superficie que ocupan.

En los extremos de dos placas, una continental y
otra oceánica, esta última tiende a hundirse, porque es más pesada que la
astenósfera, mientras que la placa continental flota por ser más ligera. En
consecuencia, la placa oceánica se hunde bajo la continental y regresa al
manto, donde las altas temperaturas la funden. Las trincheras oceánicas son,
por tanto, zonas de subducción donde se consume la placa oceánica.
El hueco entre la placa subducida y la subducente
forma una trinchera oceánica, donde se deposita gran cantidad de sedimentos,
aportados, sobre todo, por la continental. Algunas veces parte de estos
sedimentos se une al continente y, de esta manera, crecen los continentes.
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